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martes, 3 de abril de 2007

El Santo Cristo de La Grita - Venezuela

Leyenda de la Región de los Andes recopilada por Lilita Robles de Mora en su libro Leyendas del Táchira:
EL SANTO CRISTO DE LA GRITA

El sonriente valle, fue sacudido violentamente en 1.810. La ciudad próspera, la "Atenas del Táchira", se vio derruida y bajo sus casas sepultados centenares de habitantes. Del antiguo centro de la ciudad, hoy Plaza Jáuregui, no queda nada. Sus casas coloniales de bahareque se vinieron al suelo en su mayoría. De Norte a Sur se abrió una enorme grieta, que en muchos puntos, años mas tarde, construyeron puentes para unir las calles.

Una vez pasada la confusión los padres misioneros se retiraron a una ermita en la Colina "Tadea" y allí vivieron por espacio de varios años. Cultivaron la tierra y ejercieron su ministerio sagrado.

Fray Javier, alto, de espaldas anchas y musculosas, además de sacerdote, era agricultor, poeta y artista. De edad mediana tenia gran entusiasmo y vitalidad. Parecía incasable. Después del terremoto se le veía en todas partes: ayudando a los heridos, socorriendo a los damnificados, administrando los sacramentos, hablando y dando consuelo y bondadosa era parte de la ciudad.

Desde el terremoto pensó en tallar una figura de Cristo que fuera el guardián de la ciudad y la protegiera de todos los males. Varios días estuvo madurando su idea. Trazando esquemas imaginarios antes de comenzar el trabajo. Había pensado en un Cristo doliente, humano, de cara alegre a pesar del sufrimiento. Sus conocimientos de anatomía humana le sirvieron para ir tallando parte por parte todo el cuerpo. Los músculos, las venas, las heridas, fueron surgiendo con gran realismo hasta llegar al rostro.

Tuvo gran dificultad para tallar el rostro. Primero le salió muy triste y él, a pesar de que debía reflejar dolor, no lo quería así. Lo tallo de nuevo, le salió muy feo, no inspiraba devoción. Lo intento de nuevo, pero tampoco pudo realizarlo como él quería. Al fin desesperado dejo el trabajo inconcluso.

Fray Javier paseaba con preocupación por el huerto con las manos atrás. Sus pasos eran nerviosos. Su rostro se veía surcado por varias arrugas. Sus hermanos franciscanos lo miraban y se daban cuenta de su inquietud, pero no decían nada, sabían que de un momento a otro le llegaría la inspiración y realizaría su obra.

Tenia muchos días que dormía mal. Soñaba con un bello Cristo que estaría en la nueva iglesia protegiendo a La Grita y a sus habitantes. Pero su Cristo permanecía inconcluso en el estudio. Solo eran sueños.

Una noche escucho un concierto de cuerdas, era una bella sinfonía interpretada por manos magistrales. Creyó que estaba soñando y dio media vuelta para acomodarse mejor en la cama.

No estoy soñando, estoy despierto, pero ¿ de donde viene esa música celestial?. Fray Luis toca bien el violín, pero son muchos instrumentos: violines, arpas, bajos, contrabajos y guitarras. ¿Dónde cabe tanta gente?.

Después de muchas cavilaciones, Fray Javier decidió averiguar la procedencia de tan inefable música. Se vistió y salió muy despacio de su celda. Orientado por la música llego a su estudio.

Escucha un golpeteo rítmico, como si trabajaran con el formón y la gubia. Cada vez los golpes se hacían más claros. No cabía duda, alguien estaba trabajando. Se detuvo antes de llegar a la puerta.

De la habitación salía una suave luz blanco-azulada. Contuvo la respiración. El corazón parecía saltarle en el pecho, sus movimientos eran muy acelerados. Dos pasos más. Estaba en el umbral. Lo que vio le impresiono sobremanera a la vez que una dulcísima sensación lo invadió. Sin atreverse a entrar en el recinto miro su Cristo. Un joven de cabellos largos, de facciones hermosísimas y de túnica celeste, estaba dándole forma al rostro. No quiso interrumpir y muy despacio se retiro a su aposento.

Fray Javier se levanto con el alba y pensó en el Cristo. En ese momento no sabia distinguir si había tenido un sueño o si era realidad. Impulsivamente se dirigió a su taller y allí contemplo extasiado la obra del ángel: un rostro hermosísimo entre alegre y triste. Era tal como él lo había imaginado. Se postro de rodillas y oro largo rato.

Poco tiempo después al terminarse los trabajos en la iglesia, en el centro de la Grita, se instalo el santo Cristo, que desde entonces es el guardián de la ciudad. A este Cristo milagroso acude gente de todas partes a postrarse a sus pies. Su imagen es querida y venerada por los gritenses, que todos los años, el seis de Agosto, celebran con gran pompa y entusiasmo sus fiestas patronales.


Oración al Santo Cristo de La Grita:

Cristo amoroso que en la cruz clavado
tu pecho muestras por mi ahor herido.
Lava en tu sangre con eterno olvido
la mancha torpe de mi vil pecado.

Por ser fuente de bienes me has amado
y con muerte afrentosa redimido
por serlo yo de males, te he ofendido
y tus justos preceptos quebrantado.

Tu real palabra has obligado a darme
los bienes cuando yo te los pidiera,
¡Con tan gran caridad llegaste a amarme!
¡Oye, Señor mi petición postrera!
Pues moriste por solo perdonarme.
¡Perdóname, Señor antes que muera!

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